miércoles, 19 de noviembre de 2008

OBESIDAD Y DIABETES

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La lucha contra la obesidad se enfrenta a un obstáculo inesperado: padres que no reconocen que sus hijos tienen sobrepeso. ¿Cuántas veces hemos escuchado que opinan que sus hijos solamente están “llenitos”? ó ¿Qué su peso es “más o menos normal”? Peor aún, esos mismos padres son incapaces de reconocer que ellos mismos tienen sobrepeso.

Pienso que esta negación nos ha llevado a ser los campeones del mundo, pero no en futbol como es nuestro deseo, sino en tener el 2do lugar en personas con obesidad en el mundo de acuerdo a los últimos datos dados por la ONU (el primero: Estados Unidos).

Se sabe que la obesidad es uno de los detonantes de diabetes más importantes. Esta enfermedad es una condición crónica en la que el cuerpo produce muy poca insulina o no se puede utilizar la disponible, si este proceso falla o no funciona correctamente, se desarrolla la diabetes. Según datos del IMSS el 62% de los hombres y el 70% de las mujeres padecen obesidad o sobrepeso, lo cual los pone en riesgo de desarrollar esta enfermedad.

En México, según la Secretara de Salud, el 11.6% de la población entre 20 y 69 años padecen diabetes, ubicándose como la enfermedad crónico-degenerativa con mayor carga de mortalidad y discapacidad entre los mexicanos.

Factores de riesgo de padecer diabetes:

  • Tener sobrepeso obesidad
  • No hacer ejercicio
  • Tener un familiar directo con diabetes
  • Hipertensión (presión arterial alta)
  • Procedencia étnica (Afroamericanos, Hispanos y Latinoamericanos)
  • Antecedentes de Diabetes Gestacional. (diabetes del embarazo)

Si tienes uno o más de los anteriores factores de riesgo checa regularmente tu nivel de glucosa sanguínea el cual debe estar entre 65 y 100 mg/dl (miligramos por decilitro). Si sobrepasas este nivel no dudes en acudir a tu médico pues recuerda que esta enfermedad, mal controlada, puede provocar ceguera, enfermedad en los riñones, amputación de pie o pierna o incluso la muerte prematura ocasionada por un ataque al corazón o un derrame cerebral.

Podemos evitar esta terrible enfermedad llevando un estilo de vida sano, a través de una alimentación adecuada y actividad física diaria. Y recuerda, si piensas que tu peso es “más o menos normal” o si tus padres te dicen que solo estas “llenita” o “llenito” es mejor que cheques si no tienes sobrepeso o incluso padeces obesidad.

EN. CANDY YENEY RENTERÍA RÍOS
DR. SERGIO ANTONIO ZUÑIGA GONZALEZ

¿POR QUE NO NOS GUSTAN LAS VERDURAS?

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No nos sorprende darnos cuenta que la mayoría de los niños y también los adultos prefieran un rico pastel, un guisado sabroso o alguna golosina que resulte atractiva a nuestros ojos y a nuestro paladar y que exista el rechazo innato a comer espinacas, brócoli o acelgas por mencionar algunas verduras.

Cuando las verduras llegan a nuestra boca y el sabor es identificado por los receptores de nuestro paladar nuestra expresión cambia de inmediato y por completo a una de rechazo y tal vez estará acompañada por las famosas frases: “no quiero”, “no me gusta” y “sabe horrible”

Y todos nos preguntamos en algún momento ¿por que rechazamos las verduras?

Pues lo hacemos por que es un mecanismo de defensa biológico, que rechaza los alimentos con sabor amargo, sabor que por lo general lo tienen las verduras. Y también por falta de costumbre a su consumo.


Científicos e investigadores comentan que los sabores amargos, son rechazamos de forma innata, pues lo amargo, es el sabor que precisamente tienen muchos productos venenosos. Y nuestro paladar tiene 27 receptores para distinguir lo amargo y solo 3 para lo dulce .Desde la prehistoria, esto nos ayudaba a evitar consumir alimentos tóxicos y dañinos para nuestro organismo.

Es por esto que el dulce es visto por nuestro cuerpo como sinónimo de placer y gran satisfacción. Y desde niños nos encantan los dulces y nos negamos a comer verduras. Todo esto realmente es una programación natural.

Pero a pesar de que el rechazo a las verduras es un mecanismo de defensa debemos saber también que las verduras son una gran fuente de nutrientes así que debemos de introducirlas poco apoco a nuestra alimentación y crear el habito de consumo de verduras que debe ser estimulado desde nuestra infancia y así acostumbraremos al paladar a los sabores característicos de las estas. El resultado de su consumo será una buena alimentación y por lo tanto salud para nuestro cuerpo.

Autor:
EN. Teresa de Jesús Galván Echazarreta
Fuente:
http://www.nutricion.pro/

HABITOS DE ALIMENTACIÓN: ORIGEN

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Los hábitos alimentarios de las poblaciones son la expresión de sus creencias y tradiciones y están ligados al medio geográfico y a la disponibilidad alimentaria. Los factores que condicionan los hábitos alimentarios son de tipo económico, religioso (como las normas de la Torah o del Corán, que se relacionaban a su vez con la higiene), psicológico y pragmático.


Dichos factores evolucionan a lo largo de los años y constituyen la respuesta a los nuevos estilos de vida, a los nuevos productos a consumir, a las comidas rápidas (fast foods), etc. y se relacionan muy directamente con el aumento de los recursos y con el contacto entre gentes de culturas alimentarias distintas (sirva como ejemplo de esto, los hábitos anteriores y posteriores al descubrimiento de América, tanto por el contacto con otras culturas no conocidas entonces, como por la aparición de nuevos productos en la dieta: tomates, patatas, etc).


Los hábitos alimentarios nacen en la familia, pueden reforzarse en el medio escolar y se contrastan en la comunidad en contacto con los pares y con el medio social. Sufren las presiones del marketing y la publicidad ejercida por las empresas agroalimentarias.


La evolución del comportamiento alimentario se ha producido como consecuencia de diferentes factores, por ejemplo:
● Paso de una economía de autoconsumo a una economía de mercado.
● El trabajo de la mujer fuera del hogar
● Los nuevos sistemas de organización familiar, etc.


Pero siempre ha sido ratificada por la cultura que fija los principios de exclusión (esto no se debe comer, o no es aconsejable para niños, o, quizás, lo es para hombres pero no para mujeres) y de asociación (este alimento es bueno para embarazadas, lactantes y ancianos), así como las prescripciones y prohibiciones de alimentos para grupos de edad.


La tradición, los mitos y los símbolos son determinantes de la comida de cada día, intervienen en las preferencias y aversiones que manifiestan los individuos y juegan un importante papel en las formas de preparación, distribución y servicio de alimentos.


El alimento es la expresión de diferentes dimensiones:


Económica: tiene un precio que le puede hacer o no asequible al grupo de población que desea consumirlo.


Física: su aspecto externo viene determinado por el color, olor, textura, forma y sabor.


Social: se integra en los códigos de prestigio y oportunidad de consumo fijados por el grupo.


Psíquica: aceptación o rechazo del alimento en función de su inclusión o no en el catálogo de alimentos habituales del grupo consumidor, es decir sancionado por la cultura alimentaría propia.


De seguridad alimentaria: garantiza la idoneidad de consumo por las buenas condiciones higiénicas sanitarias.


De comodidad de uso: responde a las exigencias de simplicidad en el manejo que el consumidor de hoy demanda.


La distribución y el consumo de alimentos es una forma muy expresiva para valorar el funcionamiento de la organización familiar, laboral y escolar así como las propias relaciones sociales que se generan en relación con los alimentos.


Las denominadas preferencias alimentarías identifican e integran a los individuos en grupos (“junk food” o comida basura), la comida rápida de los adolescentes, el “snack” o tentempié del adulto; el “self service” (sírvase usted mismo) que ha convertido a las personas en camarero/ comensal, en una nueva concepción de las formas de consumir alimentos, etc.


En la actualidad existe una gran preocupación por la salud y se reconoce a la alimentación adecuada como un instrumento de protección de la salud y prevención de la enfermedad, si bien, las encuestas demuestran que la elección de alimentos está condicionada por el factor económico y el gusto en primer lugar, seguido de la comodidad, simplicidad en la preparación culinaria y el valor nutritivo que los alimentos aportan a la dieta.


Hay un factor en el cambio de hábitos alimentarios muy importante: la aculturización. El mundo de hoy, convertido en una “aldea global” y bajo la presión de las multinacionales que hacen de la publicidad un valioso instrumento de convicción, obtiene una gran uniformidad en los hábitos alimentarios, especialmente entre los más jóvenes.


Las personas acceden a un universo sensorial, antes de conocer el valor nutritivo de los alimentos, en el que se han desarrollado determinados patrones culturales alimentarios y esto condiciona sus hábitos. Afortunadamente las prácticas alimentarías son dinámicas y suelen cambiar en la medida en que las gentes se ven obligadas a modificar sus estilos de vida.


El patrimonio cultural alimentario se obtiene, desde el nacimiento, en un lugar dado y en relación con una sociedad concreta pero los comportamientos alimentarios se mueven en un marco de referencia beneficiándose del patrimonio biológico y cultural y, por supuesto, sometidos a presiones externas.


Existe una tendencia natural entre la población joven a no considerar como factor de riesgo para su salud, una alimentación inadecuada; y dicha actitud se va prolongando hasta edades avanzadas en que los hábitos adquiridos se convierten en rutina.


El ritmo de vida actual ha modificado las formas tradicionales de compra de alimentos, siendo frecuente la forma semanal y mensual y la presencia en la casa de productos congelados de fácil conservación y preparación.

Nutriólogo: Ismael Tovar Díaz
Profesor
Licenciatura en Nutrición
Universidad del Noreste, AC

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